7 may. 2011

¿Qué importa ser poeta o ser basura?

Dejó la pluma encima de la mesa, cansado de escribir, cansado de sentir, cansado de desnudar su alma en un papel en blanco donde solo habitaban falsas mentiras. Su mente no era más que un gris paisaje de invierno.

Derramaba su pena en tarros, escondía sus sentimientos en formas, mientras en el espejo solo de podría admirar la cara de un anciano al borde del abismo.
Poeta muerto, dejando de lado su pena, de un golpe seco tirados en el suelo se rompían. Las formas se deshacían como el hielo.

Su memoria ya no era la misma desde entonces, ya no era el mismo desde que guardó la primavera en un cajón, y aún anhelandola cada día y cada noche, se esfumó.


Volvió a la mesa, tomó la pluma, la mojó en tinta y escribió.
Últimos versos del poeta, última lágrima que lamentó no poder hacer sentir, último recuerdo del poeta antes de morir.

Es pecado que yo pronuncie la palabra "amor"

La soledad me llevó hasta ti y la misma de vuelta me trajo a este paraje sin color y sin sonido. 
Los colores, traicioneros, me tendieron su mano y pintaron no más que abismos y precipicios, desiertos y flores marchitas y ruines, destruidas por el paso del tiempo. 
Y así se fue el amor; de paseo con el tiempo por los acantilados de aquel pobre corazón sin primavera en su interior, sin razón, de ese pobre corazón que el otoño arrastró consigo y que trajo hacia mí la soledad de cuerpos desiertos arrojándose al vacío...

2 may. 2011

Hoy necesitaba sentirme viva y...

... y después de descansar en la luna, volver a la realidad para robarle sus besos de menta, dejarlo en vilo después de verlo otra vez descansando a la sombra de su sombra. Acariciarlo hasta que las manos, arrugadas, saciadas, noten los estragos del tiempo.
Y así volver a mirarlo entusiasmada, con los ojos de una niña inocente buscando el camino de vuelta, y sabiendo que este se esconde detrás de sus miradas, llenas de ternura, llenas de pasión..., y así me dispuse a buscarlo sin tregua. Atravesé tantos momentos como hojas tira un árbol en otoño, dejandome llevar por el viento que sopla detrás de sus ojos.
Ya, cansada de tanto buscar encontré el camino de vuelta, el que me llevaba a contemplarlo desde el cielo.
Miles de celosas estrellas me atrapaban dejándome sin aire y por más que lo intentaba no podía escapar. Necesito su luz para iluminarme en el universo, para deshacerme de las estrellas que me atan llenas de celos para no poder verte.
Necesito tu calor, pues allí arriba hace frío y no me basta con el sol, pues este se da la vuelta, amante de la luna, para encontrarla. Necesito tu llanto, tu voz...
Necesito un buen final para acabar esta historia.