13 abr. 2010

Triste.

Ella se sentía enjaulada en las palabras que salían por sus labios. Como el viento al chocar contra las ramas de los árboles.
Dejaste ir lo que más querías sin pensar en las consecuencias, amaste lo que no debías sin pensar en razones. Ella se siente enjaulada en las miradas corregidas por sus ojos.
Es naufraga en el tiempo, presa de los secretos, dejó ir todo aquello por lo que luchaba, dejó ir la vida que escondía, como palabras escondidas entre versos, como miradas reflejadas en el tiempo.
Ella se siente olvidada por aquellos ojos inexpertos. Se arropaba en mi piel, tenía miedo.
A ella le duele. Se siente tan humillada... tan despreciada...
Se siente tan triste al saber que nunca volverá...

¡Deja que el viento se lo lleve todo!

Como un arma al disparar una bala,  siente como el aire te atrapa entre sus brazos y en la calma te deja, cuando sientes que te libera...
Que no vuelva a llorar el payaso ante tanta falsa alegría, que no esconda sus miradas entre el público, aplaudido por la sinceridad del más puro.
Dejaré de mi parte un adiós a esa careta de preocupación vestida de colores, al maquillaje de su pálido rostro.

¡Pero qué triste!

   Pero qué triste...

Inocencia.

Una falsedad evidente, otra pérdida de inocencia...
No, no son las gotas en el agua. No, no son las lágrimas derramadas, no es en la boca palabras.
No, no son manchas en la pintura, no son las grietas en la escultura. No, no es la inocencia en la niñez, no es el frío, la escased.

Charcos de sangre inundan su piel. No, no es en la garganta la hiel, no es la forma de no serle fiel.
Disparos al aire predicen su ser, estados de muertos anuncian su sed.
Una falsedad evidente, otra derróta de decadencia, una falsedad evidente, otra pérdida de inocencia.

Para la mente inexperta un secreto...