14 jul. 2010

... y volvió a mirar atrás.

Tan tarde era ya, que parecía que el tiempo pasaba cada vez más lento a nuestro alrededor. Yo estaba sentada encima de una flor, contemplando su luz y fumando su olor.
Me aplastaba con cada caricia, y en menos de un susurro me decía tantos "te quieros" como gotas de agua posee el océano.
La ternura invadía nuestras caras, arrugadas por los años, nuestros ojos cansados aún eran capaces de expresarse y nuestros labios, ansiosos y sedientos, esperaban un beso más.
Sus ojos soltaban versos al aire y mis manos los cogían y se los devolvían en forma de mariposas, estas correteaban entre nuestros pies y nos hacían cosquillas, después se desvanecían sin más, como un soplo de viento en una fría y triste mañana de invierno...
Cansado y aburrido, se dio la vuelta y se marchó. Dejó de lado a las mariposas y a los versos. Cada vez se alejaba más y más, y volvió a mirar atrás, con su dulce rostro me lanzo un beso y desapareció entre las sombras de los árboles...

2 comentarios:

  1. Kíza, tanto este como los demás son preciosos. Tienes una gran habilidad para expresar con esas maravillosas palabras lo que los demás apenas imaginamos. Es un gran talento, no lo olvides.
    Cuídate. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Como quien describe el final de una historia, la historia de una larga vida llegando a su fin..

    Los finales de historias felices... serán felices?

    ResponderEliminar